Orza
Informe elecciones Primera Vuelta Presidencial 2026
*Imagen creada por inteligencia artificial.
En ORZA creemos que la fortaleza de la democracia depende, en buena medida, de la calidad de la información para comprender cómo se configuran sus decisiones colectivas. La primera vuelta presidencial, además de definir qué candidaturas avanzan a la etapa definitiva de la contienda, también revela las tendencias del electorado, las correlaciones de fuerza entre proyectos políticos y las dinámicas territoriales del voto en el país.
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2026 – 2030
En ORZA creemos que la fortaleza de la democracia depende, en buena medida, de la calidad de la información para comprender cómo se configuran sus decisiones colectivas. La primera vuelta presidencial, además de definir qué candidaturas avanzan a la etapa definitiva de la contienda, también revela las tendencias del electorado, las correlaciones de fuerza entre proyectos políticos y las dinámicas territoriales del voto en el país.
Con ese propósito, presentamos este informe sobre los resultados de la primera vuelta presidencial de 2026. El documento ofrece una lectura del panorama político que emerge de las urnas, analizando la distribución de la votación entre candidaturas, los niveles de participación, los desempeños territoriales y las principales tendencias que marcarán la segunda vuelta.
Esta primera vuelta se desarrolló, además, bajo una atención internacional inusual. En su análisis del 24 de mayo, The Economist describió los comicios colombianos como una contienda que no podría estar más reñida y advirtió que, de quedar Paloma Valencia fuera en la segunda vuelta, como efectivamente pasó, el país enfrentaría, quizás, las elecciones más polarizadas de la historia reciente en el mundo.
La revista enmarca la disputa entre tres proyectos de país, radicalmente distintos en economía, seguridad y lucha contra el narcotráfico, en un contexto que describe como el desgaste del gobierno de Gustavo Petro y la expansión de los grupos armados. Además, la elección sirve como un termómetro regional, ya que pondrá a prueba si la ola de derecha populista y de corte trumpista que recorre América Latina sigue creciendo, o si se mantiene el gobierno de izquierda. Es precisamente en un escenario de polarización tan extrema donde una lectura rigurosa y desagregada de los resultados se vuelve indispensable para comprender qué decidió realmente el electorado.
El análisis se basa en el monitoreo y la sistematización de información electoral, realizados por ORZA, con base en el 100 % de las mesas informadas, según el boletín número 16 de la autoridad electoral y un total de 122.020 mesas informadas, tomados como referencia para la consolidación de los datos presentados en este informe.
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El ganador
Abelardo de la Espriella
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El ganador
Abelardo de la Espriella
Mapa de riesgos sectoriales campaña De la Espriella / Restrepo
Iván Cepeda Castro
Iván Cepeda Castro
Mapa de riesgos sectoriales campaña Cepeda / Quilcué
El paso de Abelardo de la Espriella a la segunda vuelta como el candidato más votado, con 10.344.679 votos, 665.534 por encima de Iván Cepeda, cierra en las urnas un fenómeno que las encuestas tradicionales no alcanzaron a ver del todo. El resultado confirmó que la lógica de la segunda vuelta se instaló antes de que terminara la primera. Aunque hasta los últimos días persistían dudas sobre el desempeño de algunas candidaturas, los electores terminaron concentrando masivamente su voto en dos proyectos políticos percibidos como los únicos con opciones reales de disputar el poder. Entre Abelardo y Cepeda sumaron más del 84 % de la votación válida, mientras el resto de los candidatos quedó reducido a participaciones marginales. Más que una competencia abierta entre múltiples alternativas, la elección terminó convirtiéndose en una disputa temprana entre dos modelos de país.
Que un outsider sin partido propio, sin experiencia en cargos públicos y con una campaña construida inicialmente desde las redes sociales y la opinión haya superado al candidato del oficialismo constituye una de las principales novedades de esta elección. El dato es aún más relevante si se tiene en cuenta que Cepeda llegó respaldado por un gobierno en ejercicio, por la capacidad de movilización del Ejecutivo y por una izquierda que venía de obtener una representación histórica en el Congreso. Además, sus 9,68 millones de votos superan los obtenidos por Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022. La izquierda creció, pero no lo suficiente. A pesar del respaldo gubernamental y de ampliar su base electoral, el oficialismo no logró imponerse en la primera vuelta. El desgaste del gobierno terminó siendo mayor que las ventajas de ocupar el poder.
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Comparación de resultados primera vuelta 2022 vs 2026
Resultados primera vuelta: 2022 / 2026
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De las consultas a primera vuelta: ¿cómo crecieron los candidatos?
Dumbbell Pot. Consulta interpartidista vs PRimera vuelta 2026
05
El voto en blanco, la participación y la abstención
Participación vs Abstención (1a vuelta)
Total de votos por elección presidencial (1a vuelta)
Voto en blanco por elección presidencial (1a vuelta)
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Geografía del Poder y el Declive del Centro
Bogotá: domina Cepeda pero crece la derecha
Costa Caribe: Cepeda resiste mejor de lo previsto y la derecha pierde tracción regional
Antioquia y Medellín: la derecha consolida su principal fortaleza territorial
Santander y la victoria de De la Espriella
Valle del Cauca y zonas de conflicto: Cepeda conserva el núcleo periférico del petrismo
El Valle del Cauca confirma la fortaleza estructural de Cepeda en el suroccidente. La izquierda alcanza cerca de 1,2 millones de votos, por encima de los 845 mil de la derecha y muy lejos del centro, que se mantiene alrededor de 89 mil votos. Aunque De la Espriella crece frente a la votación de la derecha de 2022, Cepeda conserva la delantera y mantiene el Valle como una de las plataformas más importantes del voto progresista. Este comportamiento es consistente con la fuerza histórica del petrismo en territorios atravesados por conflictividad social, desigualdad territorial, presencia de comunidades étnicas y memorias de victimización. La lectura de fondo es que, en la periferia política del país, la izquierda conserva un vínculo más orgánico que electoralmente coyuntural: Cepeda no solo hereda una marca nacional, sino una estructura de identificación territorial que el Pacto Histórico viene consolidando desde 2018. Para cerrar el análisis de zonas en conflicto con mayor precisión, conviene incorporar los resultados de Cauca, Nariño, Chocó, Putumayo, Caquetá, Guaviare y Meta.
Restrepo cumple la función clásica del vicepresidente técnico en una fórmula presidencial de tono fuerte. Abelardo construyó su candidatura sobre la confrontación, la performatividad y un repertorio retórico que activa intensamente a su base, pero genera resistencia en el votante mediano, especialmente en el empresariado, en gremios financieros y en profesionales urbanos que comparten el rechazo al petrismo pero desconfían del estilo del abogado. Restrepo, ex MinHacienda y ex MinComercio de Duque, traduce esa fórmula al idioma que ese segmento entiende: lectura macroeconómica, manejo presupuestal, interlocución gremial, gobernabilidad. En segunda vuelta, donde Cepeda construirá la narrativa de «Abelardo es un riesgo institucional», Restrepo es la respuesta operativa a ese ataque, pues es la prueba de que detrás del tono hay capacidad de gobierno. El costo es el pasivo Duque, que el bloque progresista explotará con datos de inflación, endeudamiento y reforma tributaria fallida. Pero ese costo es asumible, ya que el votante detractor de Duque difícilmente vota por Abelardo. Restrepo legitima la base electoral, de cara a una segunda vuelta.
La elección de Quilcué se entiende mal si se lee con la métrica electoral convencional. Su capital de votos es modesto y su capacidad de transferencia fuera del bloque progresista es prácticamente nula. Quilcué fue seleccionada para encarnar la antítesis sociológica de la fórmula rival más fuerte: una lideresa indígena Nasa frente a una Paloma Valencia que, también caucana, representa la genealogía de la clase política tradicional del departamento, históricamente cuestionada por su relación con las élites terratenientes y por episodios de racismo institucionalizado. Esta oposición es una arquitectura narrativa que convierte al Cauca en un microcosmos del debate nacional sobre quién tiene derecho a hablar por Colombia. En segunda vuelta, donde la disputa se vuelve identitaria y no programática, Quilcué fija un piso ético irrenunciable que ningún ataque del bloque opositor puede erosionar sin pagar costo simbólico. Es un activo defensivo: no está calibrado para ganar votos nuevos sino para impedir que la base progresista se fugue por el desencanto o por la narrativa de «Cepeda radical». Su valor es estructural, no aritmético.
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Hoja de Ruta: Aritmética de Segunda Vuelta
Reconfiguración estratégica: de primera a segunda vuelta
¿De dónde sacan los votos que les faltan?
09
Conclusiones